Odio de razas
Odio de razas Nophaie precedió a Marian durante el recorrido hacia los cedros. No los había en número suficiente para componer un bosque; pero los que había poseían todo cuanto era preciso para hacer que el lugar pareciese a Marian absolutamente perfecto. Para instalar el campamento de Marian, Nophaie eligió un punto situado al pie de un gran cedro cuyas largas ramas se extendían sobre una cascadita y un remanso del arroyo, cuyo lecho de rocas parecía tan duro como el granito y tan liso como el cristal. El terreno era fragante, blando y pardo bajo el cedro. Unas flores típicas de la zona, de tono bermejo, brotaban mezcladas a las margaritas blancas y amarillas.
- Aquí he pensado en ti durante muchas y muchas horas, y he soñado e intentado rezar- dijo Nophaie -. Instalaremos aquí tu tienda y aquí tu lecho, puesto que deberás dormir al aire libre, salvo cuando llueva… Ven a descansar un poco… Y luego podré presentarte a Maahesenie, mi único pariente vivo. Y verás mi hogan y mi rebaño.
Nophaie la ayudó a descender de la silla - ayuda que ella acogió gustosamente, puesto que se hallaba nuevamente agotada por el, cansancio - y le instaló un cómodo asiento a la, sombra del viejo cedro, donde Marian tuvo a sus pies el hermoso remanso de agua ambarina.
- Agua de nieve; procede de Nothis Ahn, mi Montaña de la Luz - dijo Nophaie.