Odio de razas
Odio de razas - Extiende la lana al sol y la cubre de sal. La sal absorbe humedad del aire y la deposita en la lana, con lo que ésta se hace casi dos veces más pesada.
- Withers, he conseguido convencer a Etenia de que no debe hacerlo más -dijo Nophaie.
- ¡Convencer! ¡Demonios! Me alegro mucho, tanto por Etenia como por mí. Le aprecio. Es un indio inteligente y trabajador. Las mantas de sus mujeres son las mejores que podemos; comprar. Es rico, Nophaie. Yo diría que debe de estar en sociedad contigo para algunos nego- cios de ganadería.
- Sí, quiso que lo estuviéramos - replicó Nophaie -. Pero quería que me casase con su hija; y cuando me negué a hacerlo, se enfadó muchísimo. Dijo que tengo cuerpo de indio y alma de hombre blanco.
- ¡Hum! Eso es, muy grave -comentó Withers lentamente. Y cargándose el hacha al hombro, se alejó hacia su campamento.
- ¿Es grave, Nophaie? - preguntó Marian.
- Creo que sí…, para mí.
- Por qué? ¿Por qué no puedes… no puedes casarte, o ser lo que ese indio piensa que eres?
- Por las dos causas. Mi situación es muy difícil. Mis gentes están orgullosas de que haya renunciado al hombre blanco que en mí había. Pero esperan que sea exactamente igual a ellas. Lo he intentado. Y he, fracasado en muchas ocasiones.