Odio de razas
Odio de razas Withers la llamó pronto para la cena. Nophaie se sentó a su lado, y los otros frente a ambos. Todos ellos rindieron el tributo merecido a la extraordinaria comida presentada por el comerciante.
- Bueno- dijo Withers -; siempre he sostenido que debe comerse rápidamente todo cuanto se pueda antes de emprender un viaje duro. Con eso se adquiere fortaleza para terminarlo.
Después de la cena, Nophaie paseó, singularmente pensativo y triste, con Marian. Súbitamente, señaló en dirección a un montículo lejano y cónico, de piedra, que parecía tener un monumento en su cumbre.
- Quiero que subas allí conmigo… esta noche o mañana - dijo.
- Vamos ahora - respondió Marian -. Pero ¿por qué tienes tanto interés en que lo hagamos?
- Quiero que veas desde allí mis Rocas Andantes y… mi Montaña de Luz.
- Nophaie, ¿quieres que suba hasta allí… solamente para que vea que esas cosas son hermosas?-preguntó Marian con el propósito de averiguar los inexpresados pensamientos de Nophaie.
- No. Lo quiero, porque vistas desde aquella altura me producen fortaleza.
- ¡Fortaleza! - repitió ella -. ¿Para qué necesitas esa fortaleza… ahora?