Odio de razas
Odio de razas Bajo Marian, una meseta en que brotaban los cedros y que estaba verde y gris por efecto de la salvia, se dirigía hacia el este, hacia unas elevaciones rocosas aisladas y excepcionales por su colocación, que parecían unos animales grandes y prehistóricos. Separadas unas de otras, se extendían sobre la verde llanura, redondas, enormes, desnudas, y semejaban marchar hacia delante, adelantarse, impelidas de una vida mística y fuerte y mayestática. ¡Las Rocas Andantes! Eran la vanguardia del ejército de tierra estéril, vastas masas de roca hendidas que se elevaban y extendían del norte al sur, avanzaban hasta muy lejos guiadas por las difusas pendientes y la inmensa hinchazón de las montañas.
- Benow di cleash, el escultor que labró estas Rocas Andantes es el viento - dijo Nophaie -. ¿Escuchan nuestra plegaria?
»Viento azul, jefe hermoso:
envía un arco iris y permíteme caminar sobre él.
Nubes azules, nubes azules, permitidme caminar con vuestros zapatos;
nubes azules, permitidme caminar con vuestras piernas; nubes azules, permitidme ¡caminar pon vuestra camisa; nubes azules, permitidme caminar con vuestro sombrero; nubes azules, haced que la oscuridad nazca detrás de mí; viento azul, haz que todo sea claro ante mí;