Odio de razas
Odio de razas - Lo he visto. Mis sentimientos son los tuyos… Ahora dime tus cuitas.
Nophaie se enderezó, la levantó consigo y se inclinó ante ella. TenÃa una expresión que Marian no habÃa conocido jamás. El misterio y el dolor, el tiempo y la fortaleza se marcaban en aquellas, facciones, bronceadas; y sus ojos parecÃan terribles. Marian pensó que estaba viendo en aquel instante el alma de un indio.
- ¡Soy un infiel! - dijo roncamente Nophaie.
El sobrecogimiento de intensa sorpresa que experimentó Marian precedió a su grito.
- No lo sabÃa cuando vine a estos terrenos destinados a los indios -continuó Nophaie arrastrado por la ira-. He intentado volver a la religión de mi pueblo. He orado…, he intentado creer. Pero no puedo… ¡Soy infiel! No puedo creer en el Dios: de los indios… y no quiero creer en el de los hombres blancos.
- ¡Oh Nophaie! -exclamó Marian súbitamente libre de la sorpresa. y cautiva de la consternación y el horror -. Tu fe… volverá a ti…
- ¡Nunca! Mis enseñanzas blancas la han matado. La religión del indio es la mejor para él. Ese Morgan mata la sencilla fe de los indios en su propio Dios…, los hace infieles… Luego, intenta convertirlos a su religión. No es posible conseguirlo. No hay ni un solo indio que sea un verdadero cristiano en todos estos terrenos.