Odio de razas
Odio de razas Un silencioso e impresionante extender de las manos, signo de impotencia y desaliento, fijó en la imaginación de Marian la inmutabilidad de la catástrofe espiritual de Nophaie. Y su certeza le traspasó el corazón. La lástima que por él sentía fue sustituida por el resentimiento y el odio contra los blancos que habían destrozado el alma del indio. El alma de Nophaie tenía tanto derecho a recoger su legado de creencias e ideales y fe como la de cualquier hombre blanco. Marian no podía desear que se forzase a Nophaie a aceptar los ideales de los blancos. Si ella estuviera en su lugar, se negaría a hacerlo. Pero, ¿cómo podría auxiliarlo?
- Descendamos antes de que termine de caer la noche -dijo Nophaie mientras la cogía de una mano.
Marian comenzó a descender con cuidadosos pasos por la pendiente de piedra resbaladiza, lo que resultaba muy difícil entre la creciente oscuridad. Una melancolía infinita impregnaba el desierto, silencioso y gris. Una hoguera ardía brillantemente entre las sombras de los cedros.
- Nophaie, escucha mi proyecto de trabajo entre tus gentes -dijo Marian. Y le refirió brevemente la entrevista que había sostenido con la señora Withers. Nophaie no solamente expresó su aprobación, sino, además, su gratitud, y se mostró deseoso de conseguir para ella un puesto en la escuela de Mesa.