Odio de razas
Odio de razas - SÃ. Iré todas las semanas. Pero será preciso que nos encontremos en secreto… en alguna parte del desierto… por tu bien. El agente, Blucher, solamente me ha visto dos veces; pero me tomó una antipatÃa instantánea tan pronto como supo que soy un indio de inteligencia cultivada. Ese hombre es malo, Marian. Blucher y Morgan dirigen la escuela y nuestros terrenos, no en favor del Gobierno o de los indios, sino de sà mismos. Consiguen eliminar influencias mejores que las suyas, dominan a los empleados del Gobierno y se libran de los buenos misioneros o ponen obstáculos a su labor. Muy pronto comprobarás que todo esto es cierto.
- En ese caso, irás todas las semanas- comentó. Marian alegremente-. ¡Oh, cuánto me agradará! Y, crees que debemos reunirnos secretamente? No me avergüenzo, Nophaie…, sino que estoy orgullosa… de nuestra amistad.
- Morgan y Blucher no deben saber que nos reunimos -declaró Nophaie-. No podrÃas permanecer allà ni un solo momento después de que lo averiguasen. Iré a Kaidab dentro de diez dÃas para que la señora Withers me informe de lo que hayan hecho en Mesa. Luego te escribiré para indicarte cuándo iré a verte.
- Y ¿me indicarás dónde y cómo nos encontraremos? Tendré mi caballito blanco y podré internarme en el desierto.
- Sà - respondió él. sencillamente.