Odio de razas
Odio de razas »Hace dos semanas, Blucher me pidió que realizase trabajo de oficina para él por espacio de diversas horas diarias después de mi labor acostumbrada en la escuela. Supuse que sería conveniente acceder a su petición, pero insistí en reservarme una tarde entera para mí sola, tarde que, -naturalmente, es la destinada a reunirme contigo. Aparentemente, Blucher no sospecha de mí. Me llamó muñeca pelirroja y se rió del consejo de Morgan: que, me vigilase. Respondió que yo solamente me cuidaba de, mi trabajo y no frecuentaba la amistad de los hombres ni murmuraba con las mujeres. Luego expuse mi opinión sobre Friel. Supongo que recordarás la repugnancia que me inspiró este Friel. En cuanto a Morgan, todos los indios lo odian. No creerían ni siquiera una sola de las palabras que pueda predicar ni en, cien años. ¿Cómo es posible que un hombre crea que puede engañar a los indios, estafarlos cuando media el dinero, arrebatarles su agua y sus tierras; y esperar convertirlos a su religión?