Odio de razas
Odio de razas ¿Cómo podría mostrarse cobarde Nophaie cuando aquella mujer blanca lo amaba y trabajaba en favor de su pueblo? Marian era una repudiación viva de todas sus negras dudas. Pensar mal era lo mismo que hacer el mal. En aquel momento, Nophaie supo que podría ser feliz y que cuando se separase de ella estaría fortalecido. Nada, podría privarle de la maravilla de su presencia.
Finalmente, ella llegó a la vereda que se abría entre las rocas amarillas y agitó una mano enguantada desde la sombreada altura. Cuando hubo desmontado, ató el caballo al saliente de una roca y ascendió hasta el cobijo de Nophaie. Nophaie la, ayudó a subir los últimos tramos inclinados, y, manteniendo la mano de ella entre las suyas, se dio cuenta de que Marian se habría arrojado entre sus brazas si él los hubiera abierta para recibirla. Jamás había anhelada tanta envolverla en un abrazo, ceder a la estremecedora necesidad que de, ella tenía. Pero debía ofrecerle pruebas de que constituía e1 místico ideal de un indio. Ella le había llamado cierta ocasión hombre noble y rajo. ¿Podría él permitir que un hombre blanco fuera más digno de tal calificativo?