Odio de razas
Odio de razas Marian le comunicó notician de sus amistades del Este, y después pagó, a ocuparse de Mena y de sus cuestiones; y, naturalmente, según tenía por costumbre, refirió cosas pintorescas de los niñas indios que la habían regocijado. La escuela ponía de manifiesto tantas circunstancias¡ humorísticas coma patéticas. Nophaie se alegró al ver los progresos que había hecha en el lenguaje de los indias, y, al mismo tiempo, experimentó una especie de pesar al oírla expresarse, de tal modo. Después de referir cuentos de las niñas, Marian pasó a comunicarle las intrigas que se producían en Mesa, intrigas que afectaban a los amigas que ella había conquistado en el lugar, un joven tejano y su esposa que se encontraban en un aprieto a causa de las maquinaciones de Morgan y Blucher.
Nophaie conocía el tejano, cuyo nombre era Wolterson. Era un delegado del Gobierno cuya misión consistía en recorrer la región para instruir a los indias respecto al modo de guardar carneros, vacas y caballas. La poca que Naphaie había oída hablar a los indios sobre el tejano había sido siempre en favor de éste. Esta circunstancia despertó el interés de Nophaie par la que Marian le re- feria, y muy pronta llegó a compren la verdad que se encerraba en el fonda de la cuestión referente a Wolterson, verdad que tenía un significado muy importante para él.