Odio de razas
Odio de razas Nophaie devolvió el saludo al tejano en su propia lengua. Pocos hombres, blancos de aquellos contornos le habían oído hablar inglés. Wolterson era alto, delgado, joven; tenía un rostro de limpio perfil que estaba bronceado por la larga exposición al! sol. No parecía vigoroso. Sus botas de jinete, de altos tacones, y el ancho sombrero eran tan característicamente tejanos como su acento.
Nophaie abandonó la brida del caballo y ocupó un asiento cerca de donde Wolterson cavaba un cruce de su canalillo de riego. El tejano arrojó a Nophaie una pitillera y continuó su trabajo. Pasaron: varios indios par la avenida; el carro de un trajinero, arrastrado por seis caballos y cargado de leña, pasó lentamente tras el conductor, que marchaba a pie. Lasa abejas zumbaban entre el follaje y el arroya murmuraba musicalmente.
- Los Nopahs tienen buen concepto de usted y de su trabajo - dijo Naphaie al! cabo de unos momentos. Es usted el, primer delegado ganadero que ha obtenido elogios de ellos. Si fuera usted! obligado a comparecer ante un, comité de investigación, conseguiré que Etenia y Tohoniah bi dony y otros varios jefes influyentes testifiquen en favor de usted.
- Eso estará muy bien, Nophaie -declaró Wolterson -. Y me parece que voy a necesitarlo.