Odio de razas
Odio de razas Después, a través de su ociosa, libre y opaca imaginación, relampaguearon repentinamente el recuerdo, el pensamiento y las imágenes. Vio el rostro hermoso de Marian, la corona dorada de su cabellera, los ojos de azul. Su amor surgió como un torrente sin freno. Y entonces recordó que él era Nophaie, el vagabundo del desierto, el proscrito de su pueblo, un infiel que carecía de hogan, de parientes, de rebaño, el más, pobre de todos los Nopahs, sentenciado a vivir con sus ilusiones, a consumir su vida golpeando contra los barrotes de un odio de extraños.
Al llegar a las tierras de pastos situadas al pie de Nothsis Ahn, Nophaie reunió sus caballos en una sola manada y los condujo fuera del camino de Fahute. Aquella noche acampó en el: profundo desfiladero, junto a la familia que allí vivía. Y en aquel remoto lugar descubrió que su fama había llegado antes que él. En todas las residencias indias fue acogido calurosamente. Cuando llegó el amanecer, condujo los caballos a la parte alta del terreno, a las eminencias de tierra y roca, a las llanuras cubiertas de cedros, a las zonas bajas en que Oljato y los campos que conoció en su infancia le atraían con, dolorosa pena y con pesar, y a través del desierto amarillo y rojo, en dirección a Kaidab.
- Sí, te compraré los caballos - dijo Withers coma respuesta a la pregunta de Nophaie -.
¿Cuánto quieres por ellos?