Odio de razas
Odio de razas - Por qué no dirigirse rectamente hacia el corazón del problema? - preguntó Blucher impacientemente -. Usted siempre actúa en la oscuridad.
- No es prudente enseñar nunca la jugada que se posee.
- No perdamos las ocasiones. Voy a llamar a la señorita Warner -replicó Blucher.
El misionero levantó una mallo en petición de prudencia, con lo que interrumpió el acto que Blucher se disponía a realizar.
- Espere un momento. - La preocupada actitud! de Morgan se hizo más intensa-. Muy bien. Llámela. Pero permítame interrogarla. Quiero correr el riesgo…
Blucher abrió la puerta, que Morgan había cerrado con llave, y dijo:
- Señorita Warner, hágame el favor de venir.
Marian entró tranquilamente, compuesta; pero una mirada atenta podría haber descubierto que en, su garganta había una especie de encogimiento y en las: pupilas de sus ojos azules una dilatación. Morgan no dejó de percibir en ella signos de agitación. Fijó su mirada fría como el hielo en ella y preguntó:
- Señorita Warner, ¿niega usted que sea amiga del universitario Nophaie…, que se reúne secretamente con él?