Odio de razas
Odio de razas - No, he querido sugerir que, prepare usted «la, apisonadora» para pasarla por encima de ella -replicó Morgan -. En el caso de que sea valiosa para usted, obtenga de ella todo el, provecho que sea posible… hasta el momento en que se confirmen nuestras sospechas. Y entre tanto, sea cauto.
- ¿Cómo podríamos adquirir seguridad? Hemos leído algunas de sus cartas. Pero tales cartas: no me demostraron absolutamente nada… creo que es usted excesivamente desconfiado.
- No. No lo soy. Aquellas cartas me han dado una idea. La señorita Warner vivía en Filadelfia y pasaba los veranos en la.costa. En las cartas hablaba de que había presenciado algunos partidos de base-ball allí. Ahora he averiguado que nuestro indio universitario era uno de los atletas más famosos que ha habido en las Universidades del Este.
- ¿Ese indio?
- Sí, ese indio -contestó Morgan -. No quiero olvidar el ejemplo que me ofreció de su ilustración. Ese Nopah tiene inteligencia. Bien; me he preguntado si la señorita Warner 1o conocería en aquella época. Escribiré a un amigo mío de Filadelfia para pedirle una amplia información, especialmente sobre si ese Nopah jugó partidos de base-ball en la costa.