Odio de razas
Odio de razas - ¿De m� ¿Por qué no de usted también? - preguntó sobriamente Blucher. Morgan movió elocuentemente una mano en ademán condenatorio.
- Porque usted es el superintendente.
- SÃ. Y usted posee la autoridad moral, ¿verdad? - preguntó Blucher burlonamente.
- SÃ, si, sà -replicó Morgan.
- Señor Morgan, ¿cree usted verdaderamente lo que dice? - preguntó Blucher.
- No solamente lo -creo: lo sé además - respondió decididamente Morgan.
- ¡Demonios! Usted y todo lo que pueda creer reventarán cualquier dÃa… Y cuanto más tiempo tarde en producirse el reventón, tanto más completo será.
- Es posible. Pero usted no estará ya aquà para regocijarse viéndolo -replicó Morgan -. Nos hemos salido de la cuestión… Creo que será preciso que hagamos acusaciones más fuertes contra Wolterson. Le sugiero que lo compliquemos en el asunto del rapto de Gekini Yashi.
- No será preciso. Wolterson habrá terminado de trabajar aquà cuando yo haya aprobado esta acusación. Le he aconsejado que dimita; pero, evidentemente, es una determinación demasiado fuerte.