Odio de razas
Odio de razas - Eso sería lo más conveniente para él -murmuró Morgan absortamente, con la mirada al espacio-. Antes de tomar acuerdos respecto a Do Etin vamos a abordar la cuestión de la actitud de ese joven indio que entró en el dormitorio de las jóvenes por la noche.
- ¿No es una cuestión exclusivamente mía? -preguntó Blucher-. ¿Es usted el superintendente de la escuela y de la zona?
La respuesta de Morgan no fue negativa ni afirmativa se compuso solamente de un silencioso escrutinio del rostro del! agente.
- Conozco la verdad de lo sucedido -comenzó diciendo lentamente Blucher.
- ¿Par qué fuente lo ha averiguado usted? -replicó maliciosamente Morgan-. La señorita Herron me dijo todo lo que sabía antes de que usted supiera una sola palabra de lo que sucedía.
- Usted cree que se lo dijo todo - afirmó intencionadamente Blucher -. Y, en realidad, no fue así. Creo que la señorita Herron tiene algo que ver con las entradas de los jóvenes¡ indios en los dormitorios.
Fue Morgan quien entonces dio pruebas de sorpresa y escepticismo.
- Conozco a la señorita Herron desde antes de que fuera matrona de la escuela - declaró Morgan en el mismo tono que si creyera que esta explicación destruía toda posibilidad de culpabilidad.