Odio de razas
Odio de razas Y por esta causa esperó. Y las semanas pasaron. Y a medida que pasaban, la experiencia de Marian respecto a los niños indios se hizo mayor, y su conocimiento de los ocultos resortes de la máquina gubernamental aumentaron constantemente. Pero el ideal! que ella había concebido v acariciado de una manera impulsiva y sentimental se desvanecía como una ilusión, y las esperanzas que había abrigado se quemaban día a día hasta convertirse en amargas cenizas.
Una: sombra, fría, extraña, lúgubre, se había interpuesto entre ella y Gekin Yashf, urca sombra como la que nublaba los ojos tristes de la Pequeña Belleza. Mariani se negaba a dar crédito a pos peligros que su inteligencia le, señalaba. Las circunstancias habían puesto fin a sus ocasiones de encontrarse con Gekin Yashi. Sus entrevistas eran muy escasas. Ira enemistad de la señorita Herron era abierta e imposible de combatir. La matrona era todopoderosa en la escuela. Y Gekin Yashi ya no recibía a Marian con clara y tímida alegría. La, chiquilla india había envejecido. Escuchaba, pero no respondía; apenas levantaba la mira- da y solamente pudo Marian romper su reserva ea1 muy contadas ocasiones. Marian no volvería jamás a atribular a Gekin Yashi mencionando a Nophaie. Y otra de las, iluminadoras reacciones de Gekin Yashi estuvo constituida por su respuesta a una de las súplicas de Marian.