Odio de razas

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Aun cuando la curiosidad de Marian fuese muy grande, la joven rehuía el hacer averiguaciones que habría sido fácil descubrir. Por otra parte, se producían incidentes que le era imposible dejar de percibir, aun cuando no le importasen. Durante el servicio religioso de entre semana, Morgan abofeteaba a las indios que no permanecían quietos mientras él ridiculizaba las creencias de su pueblo Morgan mandaba, a la matrona frecuentes relaciones de los niños que debían ser castigados. Marian conoció diversos ejemplos de los castigos de la señorita Herron. La señorita Herron obligaba a los niños a inclinarse hacia delante y á apoyar las manos en el suelo o a permanecer erguidos y coro las manos en alto por espacio de tanto tiempo como podían soportar. No era infrecuente que alguna chiquilla se desmayase por efecto del castigo. Cierto día, varios chiquillas indios cruzaron corriendo el pórtico de la casa de Blucher. Marian vio que el agente salía, agarraba a una de ellos, lo derribaba de un golpe y le daba un puntapié cuando se encontraba caído en tierra. El chiquillo no se levantó con mucha ligereza.






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