Odio de razas
Odio de razas Otro día, en los primeros de diciembre, cuando, a pesar del brillante sol, había unas bordes de hielo a lo largo de las zanjas de riego, Marian Pasó ante una de las puertas de los depósitos de víveres. A través de la puerta pudo ver a dos menudas niños indios que intentaban transportar un enorme montón de patatas. Hacía mucho frío en el sótano que se utilizaba como almacén, y las patatas estaban cubiertas de hiedo. Los muchachos estaban tan ateridos, que a duras penas podían sostener una patata en las heladas manecitas o hablar. Marian los llevó junto a la caldera para que se calentasen. Cuando hubo referido a Blucher el incidente, Blucher la ridiculizó por su sensiblería.