Odio de razas
Odio de razas Mariana no podría haber gritado ni podría haberse movido para interceptarle ni aun cuando:de ello hubiera dependido su propia vida. Estaba dominada por urca extraña sensación completamente desconocida de ella. Nophaie ya no se proponía matar, sino solamente lastimar. Y esta seguridad liberó un algo que se había mezclado íntimamente a la sangre de Marian. Los actos y los movimientos del indio la fascinaron. ¡Qué extraño resultaba que Nophaie no hiciera intención de golpear a Blucher, que estaba maldiciendo furiosa y aterradamente mientras intentaba en vano ponerse en pie! Nophaie continuó sujetándole con los pies. Cada vez que el alemán conseguía apoyar en el suelo las manos o las rodillas, Nophaie le retenía por medio de un empujón dado con uno de sus pies cubiertos de mocasines. De este modo, sujetaba y empujaba. Y parecía que aproximaba a cada momento un poco Blucher a Morgan, cuyas convulsiones le habían permitido evidentemente recuperar una parte del aliento. Un puntapié envió al agente junto al arrodillado Morgan, que cayó al suelo por efecto del encontronazo.