Odio de razas
Odio de razas - Aprendí en la Universidad muchas de las, mañas de los hombres blancos -dijo Nophaie con amargo humor-. Y una de ellas es: 1a de dar puntapiés. Mis compañeros de estudios, decían que yo era capaz de arrojar el balón por medio de -un puntapié hasta mayor distancia que cualquier otro hombre. Ahora, puesta que me repugna la posibilidad, de mancharme las rojas manos de pagano con unas bestias sucias como ustedes, tengo que recurrir a, los, pun- tapiés.
Y, sin violencia ni rencor, continuó aquella partida de fútbol hasta que ambas hombres se convirtieron en dos despreciables pingajos despeinados y con las narices ensangrentadas. Repentinamente, se interrumpió. Marian vio entonces que la señorita Herron parecía revivir y se enderezaba. Nophaie la miró con el mismo desprecio que los dos hombres; le habían inspirado.
- Debería dar a usted también de puntapiés -dijo-. Pero tengo la educación de los hombres blancos.
Y conduciendo a Marian al exterior de la estancia, cerró la puerta y recobró el revólver de las manos, temblorosas de la joven.