Odio de razas
Odio de razas - No te asustes, Benow di cleash - dijo al mismo tiempo que con el brazo rodeaba tiernamente la cintura de Marian-. Nuevamente me has salvado. No puedo hacer sino una cosa: quererte más y más… v regresar a mis desfiladeros… No te preocupes por ese Blucher y ese Morgan, ni por lo que puedan hacer. Son dos cobardes. No dirán ni una sola, palabra de lo sucedido. En el caso de que te despidieran, vete a la casa del comerciante. Te suplico… que te quedes en la colonia durante cierto tiempo. Avísame por medio de Withers. ¡Adiós!
- ¡No, Nophaie! - exclamó Marian después de hacer un esfuerzo desesperados por recobrar la voz.
Nophaie se encaminó al pórtico, miró a derecha e izquierda, y luego, reposadamente, bajó las escaleras y recorrió el sendero que conducía a la carretera. Marian vio que su caballo estaba atado a la verja próxima al portillo. La joven esperaba que vería hombres que corriesen en, todas direcciones, mas no vio ninguno. El corazón de Marian semejó descender de la garganta para ocupar su posición habitual. La joven vio cómo, Nophaie montaba su caballo y se alejaba al galope.