Odio de razas
Odio de razas Nophaie parecía impelido a. explorar, a buscar, a investigar, a trepar…, especialmente a trepar hasta una altura que semejaba inasequible, pero a la cual debía aspirar. A todos los indios les gustaban los lugares elevados. Y Nophaie era lo mismo que un águila en su amor por los altos riscos solitarios y los abiertos panoramas. Las silenciosas escarpas próximas no ejercían sobre él mayor fascinación que aquellas que podrían calificarse de inaccesibles. Seguramente, llegaría un momento en que las rocas de las alturas le hablasen. Aquellas soñadoras elevaciones tenían una voz para todos, además de para los hombres de piel roja, para toda la Humanidad. Pero era preciso esperar para poder oírla, había de, ser ganada. La Naturaleza guardaba celosamente sus secretos. Solamente hablaba a los que sabían amarla.
La calma y el descanso volvieron a Nophaie. Y luego las días parecieron fundirse unos en otros, deslizarse hacia un final, innominado y anhelado, hacia un desvelamiento del porvenir.