Odio de razas
Odio de razas Pero, extrañamente, la esperanza comenzaba a engendrarse en su alma y a manifestar su anhelo de nacer. Nophaie la percibÃa más a cada momento que transcurrÃa. Era coma aquella fugaz impresión de aborigen que le asaltaba a veces cuando contraÃa los párpados y miraba a la Naturaleza como si él fuera el primer hombre que se hubiera desarrollado. Era una impresión tan efÃmera como el momento en que se producÃa, el momento en que él la percibÃa pera no pensaba. Y estaba, relacionada can su ser fÃsico. En, la Naturaleza se encerraba no solamente, el secreto, sino también la: posibilidad de su salvación, en el caso de que la hubiera. Lo que más anhelaba encontrar era al Dios de sus antepasados. Esto representaba seguramente una adoración de la Naturaleza, pero de, la Naturaleza tal y como él la veÃa e interpretaba. El! espÃritu de los hombres muertos no iba a albergarse entre las rocas, las nubes y los árboles. ¿HabrÃa un espÃritu omnipresente? Nophaie veÃa a través de supersticiones. En los indios era la, ignorancia lo que creaba la necesidad de adorar las cosas sobrenaturales, las fuerzas más, potentes que las humanas. Pero si en el hombre se albergaba un espÃritu que abandonaba el cuerpo muerto, ¿no podrÃa haber en la Naturaleza un espÃritu eterno e infinito? La más conmovedora esperanza de Nophaie se cifró en la seguridad que tuvo de haber comenzado a oÃr las voces de las rocas silenciosas. No era una mórbida fantasÃa, sino sentimiento; no un amor solitario, cavilativo, ni el temor de la muerte, ni el ciego fortalecimiento de las falsas creencias; no era sino una inteligente comprensión del alma de la Naturaleza. Los hombres de ciencia no concederÃan que la Naturaleza tuviese alma. Mas, aun cuando fueran inteligentes, loas hombres de ciencia no habÃan podido resolver -el problema de la vida, ni -el de la extensión del Universo, ni el del origen del,tiempo, ni el del nacimiento humano, ni el milagro de la reproducción. Sus deducciones eran biológicas, arqueológicas, fisiológicas, psicológicas, metafÃsicas. Nophaie estaba en oposición a las fuerzas intelectuales que le habÃan arrebatado su religión. HabÃa algo en aquellos muros silenciosos y soñadores, en aquellos muros cavilativos e inexpresivos, en aquellos rostros de roca esculpidos por el viento y por el! agua de muchos.siglos. Y por esta causa, Nophaie meditó bajo su sombra, los observó a las horas del alba, bajo la luz so- lemne del mediodÃa, en los minutos del crepúsculo vespertino, bajo -el dosel sombrÃo de la noche. Por esta causa, trepaba hasta ellos y llegaba a sus cumbres, hasta las cumbres más altivas de unas, para ver desde allà a los otras.