Odio de razas
Odio de razas Naphaie corrió. Corrió con la rapidez de un indio y can la alegría de un hambre blanco. Casi Llegó a despreciar la, ansiedad que se encendió en su interior, a burlarse de la extraña llamada que alteraba el ritmo de su corazón. La soledad que tanta había buscada se le presentó tamo un enemigo de su inteligencia. Los desfiladeros solitarios eran moradas para los¡ bárbaros, para los salvajes, para los indios, no para hombres de inteligencia cultivada. Siempre debería ser propia de los hombres, blancos la misión de contribuir al creciente progreso del mundo en dirección a una vida mejor. Pero él no era un hombre blanco. Y a medida que corría, sus pensamientos se multiplicaron.
Naphaie encontró al Pahute en el brazo mas ancha del desfiladero. Llevaba consigo una mula pesadamente cargada. Nophaie lo condujo a su campamento, donde descargó la la y preparó una comida para el indio, por quien llegó a conocer que el, policía blanco lo había buscada por toda la colonia y había regresado a Mesa. No conocía ninguna noticia más, y solamente añadió que el comerciante de Kaidab le había encarecido que llegase junto a Nophaie aquel mismo día.
- E1 día de Jesucristo - añadió el indio con una sonrisa.
- ¡Navidad! -exclamó Naphaie. Y sus recuerdos fueron muy extraños.