Odio de razas
Odio de razas - Estoy casado con una mujer india, es cierto - decía el comerciante con acento en que se señalaba la cólera -, pero no soy indio…, ni tonto. No me, agrada lo que has dicho acerca del censo.
- ¡Aaah! En ese caso no dejes de tener la seguridad de que te guardas para ti solo tu disgusto -gruñó Lord-. De otro modo, no durarías mucho tiempo en estos lugares.
El comerciante se retiró al interior de la casa y Lord se dirigió hacia su caballo.
Nophaie se lanzó tras él. Y luego, exactamente en el momento en que adelantaba una mano para asir la brida, Lord debió de oír algo, puesto que se inmovilizó sorprendidamente. Nophaie apoyó el cañón de su pistola en el costado de Jay y dijo en voz baja y firme:
- ¡No muevas las manos! Si lo haces, te mataré.
- ¿Nophaie? - preguntó Lord roncamente.
- Sí, Nophaie.
- ¿Qué… quieres?
- Escucha: he oído lo que has dicho a los indios. Ahora sé qué es lo que ha influído en el ánimo de los habitantes de la colonia_ Es una propaganda alemana… y tú eres el instrumento de Blucher. ¡No eres mejor que los mismos alemanes! ¡Eres un traidor! ¿Me oyes?