Odio de razas

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Filadelfia, lo mismo que otras grandes ciudades, se hallaba presa de las angustias de los preparativos bélicos. La fiebre de la guerra y su emoción se habían apoderado de todos. El equilibrio de la juiciosa y tranquila ciudad! de amor fraternal se había roto. Marian encontró a sus parientes tan cambiados como:si largos años separasen su partida de su retorno. Se habían olvidado de ella. Todos estaban obsesionados por sus relaciones particulares con la guerra. El alistamiento de un hijo, de un sobrino o de un hermano, la búsqueda de las oficinas de guerra, el desplazamiento, de los negocios para hacer frente a las exigencias ele la contienda… todas estas actitudes eran personales. Muchos de los conocidos de Marian, jóvenes menores de treinta años, habían conseguido eludir, de uno u otro modo, las garras del servicio. Conductas de esta naturaleza se ponían de manifiesto más vigorosamente por el contraste que establecían con la actitud de quienes se inscribían como voluntarios antes del alistamiento oficial. El mundo había cambiado para las mujeres jóvenes. Ante ellas se presentaban millares de ocasiones que jamás habían conocido, desde la posibilidad de vestir pantalones de color caqui hasta la de conducir ambulancias sanitarias a Francia. Marian podría haber hallado un millar de empleos, todos ellos más remunerativos que cualquiera de los que hasta entonces había desempeñado. Era una época de tensión. Era una época de intenso esfuerzo emocional. Era una época en que la nobleza o el egoísmo de la naturaleza humana se intensificaban. Era una época que ponía a prueba el alma de las madres. Era una época que revelaba instintos enérgicos profundos, trascendentales de las mujeres jóvenes. Era una época en que muchos soldados abusaban del atractivo de sus uniformes.


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