Odio de razas
Odio de razas ¿Por qué se hinchaba su corazón cuando veía un soldado? ¿Por que se anublaba su vista cuando, desde la ventana, veía un tren cargado de soldados que marchaban a toda velocidad hacia Nueva York? La venta espectacular de los Bonos de la Libertad, los desfiles, las tómbolas, los bailes, los atestados teatros, el alistamiento de la mitad de los graduados de las Universidades de Pensilvania… en el centro de esta atmósfera de exaltación halló Marian las razones que la hacían alegrarse de su presencia en Filadelfia. Ningún americano debía dejar de ver y conocer aquellos días. El desierto había aislado a Marian hasta el punto de que no parecía ser una parte de la gran República. Tenía tantos motivos como cualquier otra mujer - con excepción de la madre de un soldado - para sentirse atraída por el caos de los días de guerra. Siempre que pensaba en Nophaie, un estremecimiento interno la acometía y la llenaba de angustia. Sin embargo, abrigaba un orgullo por él que comenzaba a hacerse infinito.
Marian contribuyó con su esfuerzo a la compra y venta de Bonos, a los trabajos de la Asociación de Jóvenes Cristianos y a los de la Cruz Roja. Si no hubiera prometido a Nophaie regresar a la colonia india, habría llegado, lo mismo que tanta; y tantas otras mujeres jóvenes, a extremos de entusiasmo bélico. El deseo de ir a Francia era difícil de reprimir.