Odio de razas
Odio de razas ¡Un mar blanco y agitado de blancos pañuelos! ¡El relámpago con unos rostros encendidos y juveniles! Estas cosas significaban mucho. Representaban algo mucho más importante que unos incidentes de la vida.
El brillante sol invernal resplandeció sobre el conjunto de mujeres llorosas, sobre el enorme transatlántico con su carga de hombres, sobre el agitado río Hudson ele ondas verdes, sobre el esplendor de la ciudad.
Marian regresó a Filadelfia con el ánimo completamente deprimido. Y, por primera vez en la vida, se halló presa de un indefinible abatimiento Por otra parte, el clima frío y húmedo le producía un mal efecto después del aire alentador del desierto. Se encontró enferma duran- te cierto tiempo, y cuando so hubo recobrado estimó que sería conveniente esperar la llegada de la primavera antes de ponerse en marcha en dirección al Oeste. Entre tanto, decidió realizar trabajos de guerra. Todas las notas que había tomado durante su estancia en la escuela y en la colonia indias continuaban intactas. No bahía tenido el ánimo necesario para revisarlas con el fin de darles publicidad. Leyó noticias y comentarios de guerra hasta que tuvo la imaginación en un estado de caos. Una vez, se sintió sorprendida al comprender cuáles eran la intensidad y la angustia de la ansiedad y de la impaciencia.