Odio de razas
Odio de razas Desde lo alto de una pendiente, los ojos de Marian percibieron un espectáculo extraño y desolador: un ancho valle negro, un desnivel de cenizas negras y una corriente de lava roja, cortezosa y desigual; y más allá de las laderas de ceniza negra, lisas y empinadas, todo ondulaba y se arrugaba como las dunas labradas por el viento. Una hilera de pinos remataba la primera cumbre, y bajo la verde extensión se hallaba un largo;banco de nieve cuyo puro blancor contrastaba enérgicamente con las cenizas de color de ébano. El terreno situado al pie de las montañas se elevaba en dirección al sur, más alto y más liso a medida que ascendÃa, fantástico y siniestro monumento que denunciaba los estragos de la acción volcánica de varios siglos de actividad. Detrás y sobre tal terreno se erguÃa una montaña de cenizas, singularmente árida, maravillosamente coloreada de púrpura, rojo y negro.
Marian vio tanto en tan desolada y devastada zona, que lamentó pasar de prisa por ella. El conductor del, coche llegó pronto a una inclinación del pinar, salió de la región cenicienta y llegó de nuevo a una carretera dura; y en aquel punto Marian temió que cada una de las millas que recorrÃan a toda velocidad pudiera ser la última.