Odio de razas
Odio de razas Los Nokis eran un pueblo agrícola, no un pueblo nómada, a la manera de los Nopahs. Las dos tribus se profesaban desde hacía mucho tiempo una profunda enemistad. Una anciana Noki, tan vieja que ni siquiera sabía cuál era su edad, había dicho a Paxton que recordaba los tiempos en que los Nopahs solían descender al poblado y arrojar a los Nokis desde las alturas de los cerros. Las casas eran de tejados planos, estaban construídas de piedra y adobe, eran frescas en verano y cálidas en invierno, lo que representaba un gran progreso sobre los hogans, más rústicos, de los Nopahs. En muchos casos, las casas disponían de unos encerraderos y corrales inmediatos. Las diversas callejuelas que formaban el pueblo, cuando Marian hizo su primera visita, estaban llenas de pintoresquismo y actividad, de asnos, perros, gallinas, vacas y niños indios. Un agudo olor,s cedro quemado impregnaba el aire. Este olor recordó a Marian el de la hoguera del campamento en las tierras altas. Unas revueltas columnas delgadas de humo azul surgían de unos agujeros o chimeneas invisibles.