Odio de razas
Odio de razas Paxton la había llevado a Copenwashie y le dijo que no creía que fuera seguro para ella Hacer el recorrido a pie. Las ocasiones de hallar algún medio de locomoción eran poco frecuentes, por lo que Marian se preparó para el lento paso del tiempo en tanto que ganaba la confianza de los Nokis. Pero otras atenciones requerían el empleo de sus tiempo: lecturas, estudio, escritura de cartas, mantenerse en contacto con todo lo que se relacionase con la guerra… En medio de todo, el calor del mediodía no era completamente insoportable, y Marian se habituó pronto a él, aun cuando tomó la precaución de no salir al exterior de la casa durante las horas más calurosas. Muy pronto contrató los servicios de un mensajero indio que la recordaba, quien transportaba sus cartas a Flagerstown y hacía diversos encargos para ella. Marean visitó tres o cuatro veces por semana el poblada Noki. En todos sus viajes compraba cestos, y siempre dejaba en las casas caramelos y muñecas y juguetes musicales para los niños. Cada vez que una mujer india le preguntaba si era una misionera, Marian pensaba que ganaba un punto de simpatía por medio de su firme negativa.