Odio de razas
Odio de razas El empleado regresó nuevamente el establecimiento, Paxton se puso un pie para seguirlo. Mari un y la señora Paxton se entregaron durante unos instantes a cordiales felicitaciones, cuya expresión se mezcló a las lágrimas. Y estas sencillas v cortas reacciones semejaron ser las precursoras de una hora de creciente emoción. No se pensó en la cena. En el exterior, ante el establecimiento, comercial, el volumen de la multitud aumentó continuamente y unos cuantos rostros blancos comenzaron a unirse a los rojos. El automóvil de Friel llegó zumbando, y en él viajaban otros tres hombres blancos v varios indios. Estos últimos descendieron del vehículo en tanto que Friel reanudaba la marcha. Friel vio a Marian que se hallaba en pie, en los escalones, movió una mano y gritó:
- ¡La guerra ha terminado!
Marian devolvió el saludo v aquélla fue la única ocasión en que se alegró de ver a Friel. Friel era el portador de buenas noticias, y se alejó con rapidez, deseoso evidente- mente de llegar a las oficinas gubernamentales.
El aire de noviembre era crudo y Trío. Marian se estremeció y entró en el saloncito de Paxton, donde se sentó junto a la ventana. El comerciante se acercó a ella y abrió la ventana.