Odio de razas
Odio de razas Los indios más vicios y los que se encontraban menos ebrios arrastraron a los alborotadores hacia atrás v los alejaron de aquel puesto comercial. Pero la tarea no resultó fácil de realizar. Las cabezas que se hallaban más serenas se impusieron, al! fin, y pudo apreciarse que tanto Blucher como Morgan escaparon difícilmente a la= violencia.
- ¿Qué le había dicho? - preguntó Morgan roncamente.
Blucher no contestó a Morgan. En su pálido rostro v sudoroso parecía haberse fijado una expresión de furor y de temor. Marian pudo verlo claramente cuando pasó ante la ventana para digirirse a donde se hallaba el automóvil. Parecía caminar como si se encontrase bajo las torturas de una pesadilla. Sus órdenes, formuladas con violentas voces, y movimientos violentos habían:sido solamente el estallido ele una irreductible v terrible cólera. Aun cuando fuera un alemán estólido v duro, las noticias que había oído en las últimas horas le habían trastornado la razón.
Marian pudo ver, también, aunque de modo fugitivo, el semblante de Morgan.