Odio de razas
Odio de razas Transcurrieron varios días antes de que Marian volviera a ver a Eckersall.
- Nuevamente nos hemos engañado - dijo Eckersall lastimeramente como respuesta a la ansiosa pregunta de Marian.
- ¿Por qué?
- Tenemos deseos de favorecer a esos pobres diablos de los indios… Señorita, fui a ver a nuestro agente alemán y pronuncié ante él el mejor discurso de oda mi vida. Pinté la triste situación de los indios y el sufrimiento de los caballos del modo más elocuente que se ha hecho en este mundo. Le dije que él forzaba a los trajineros a transportar abastecimientos a la ciudad, que no los pagaba suficientemente, que los trajineros no tenían otro modo de ganarse la vida… Me respondió que no tiene heno para vender a veinte dólares la tonelada…
¡Demonio de hombre! Bien; fuego fui a hablar con Friel. Y Friel me dijo que estaba dispuesto a vender a ¡,cuarenta» dólares la tonelada! Los Nokis no pueden pagar tanto dinero. Por esta razón volví a visitar a Blucher y volví a atosigarle. Y me contestó: «Si Friel quiere cobrar a cuarenta dólares por cada tonelada de su heno, entonces los indios habrán de pagar cuarenta dólares.»