Odio de razas
Odio de razas - ¡Hum! TendrÃan que pagarlo a un precio condenadamente altor… Y ahora la ocasión es:muy mala… Blucher está muy resentido, por esa cuestión de la carne…
- ¿Qué es eso?
- Señorita: soy solamente un empleado del Gobierno, y creo que no deberÃa abrir la boca. Claro es que tengo confianza en usted, pero no es ésa la cuestión… Voy a decirle lo que yo harÃa: irÃa a visitar al agente y hablarÃa con energÃa en favor de los indios.
- Muchas gracias, Eckersall. Muchas gracias. Es posible que consiga algo…
Pero las esperanzas de Marian no eran muy grandes. Y cuando averiguó por otro conducto algo de lo referente a la cuestión de la carne, se sintió menos confiada aún. ParecÃa ser que mientras el invierno avanzaba, Blucher habÃa solicitado que los Nokis y los Nopahs le enviasen carne, pero se negaba a pagar más de cinco dólares por cada res. Como consecuencia de estas circunstancias, los indios vendieron muy pocas de sus reses, y los niños de la escuela vieron considerablemente reducida su ración de carne. Marian sabÃa que el Gobierno destinaba a la adquisición de carne cantidades superiores a la que Blucher ofrecÃa. De todos modos, Blucher se negaba a pagar más de cinco dólares por cada vaca. No era preciso ser muy listo para comprender por qué obraba de este modo o adónde irÃa a parar la diferencia.