Odio de razas
Odio de razas Marian gritó el nombre; pero ningún sonido salió de su boca. Se tambaleó en la silla y, hubo de agarrarse al fuste. Una terrible convulsión de su corazón pareció traducirse en un sabor a sangre que se extendió por todo su cuerpo. Un rápido movimiento de los largos brazos apartó el lazo del cuello de Friel. ¡Cuán lívido v espantoso tenía el semblante! Friel cavó contra el indio, bien fuese desvanecido o en fingid o desmayo.
El indio cogió entre los brazos a. Friel, lo agitó con fuerza, 1o elevó y, atravesando cargado con él la multitud de indios, lo dejó a la puerta de la escuela. Friel se perdió de vista tambaleantemente. Cuando el indio se volvió para hacer frente a la multitud, alto, esbelto, con paso rápido y. singularmente suelto, Marian terminó de reconocer a Nophaie, Nophaie comenzó a rechazar Hacia atrás a algunos miembros de la muchedumbre, que nuevamente se acercaban a la escuela. Otros indios, guiados por su ejemplo, se unieron a él para evitar que se produjeran nuevas violencias. Y, finalmente, la compacta masa de gentes, adusta y- gesticulante, fin` obligada a retroceder en dirección al pueblo.