Odio de razas
Odio de razas El misterio v la terrible naturaleza de la enfermedad espantaron definitivamente a los índices, que no podían considerarla una dolencia natural, sino como una maldición, una peste del espíritu del mal. Y verdaderamente, no era una enfermedad que se transmitiese de unos a otros indios, aún cuando fuese evidentemente contagiosa. Golpeaba acá o allá, en cualquier parte, en todas partes. Pastores solitarios que no habían encontrado a ningún Nopah desde hacía mucho tiempo, eran hallados muertos. Se hallaban, también, hoganes llenos de muertos. Los jóvenes y los viejos caían del mismo apodo; pero los más fuertes y saludables, los que se hallaban en la plenitud de la: vida, eran los más rápidamente aniquilados. Los estragos de la plaga eran rudos, brutales. La enfermedad se presentaba de improviso, con la celeridad del rayo, v los indios, atacados de parálisis, y fiebre simultáneamente, sucumbían con celeridad. Eran como lobos cazados en una trampa, ano-nadados, sin espíritu, listos para la muerte. El altivo espíritu, de os indios se doblegaba ante aquella espada de sus dioses malos.