Odio de razas
Odio de razas - ¡Gripe, neumonía! -exclamó Withers burlonamente-. ¡Diablos! Es una plaga. Una plaga negra. ¡Una plaga de guerra! ¿No conozco bien a los: indios? ¡Diablos! Lees fríos y las pulmonías no tienen importancia para ellos. Pero esta maldita enfermedad es una bestia infernal. No me habléis de gérmenes. No hay tales gérmenes- Esta enfermedad viene de arriba, desciende. Debe de ser una consecuencia de ese gas demoníaco que los hunos han dejado en libertad. ¿De qué otro modo podría explicarse el extraño modo de actuar que tiene? Ayer llegaron unos cuantos mormones y me dijeron que habían hallado a unos cuantos Nopahs en el camino. Tales Nopales se hallaban perfectamente. Al día siguiente, todos cayeron en montón. He enviado a unos hombres al lagar que se me indicó. Seis de los Nopahs habían muerto. Un niño pequeño, medio enterrado por los cuerpos de los muertos, estaba vivo. E[viejo Etenia cayó del caballo y falleció en dos horas. Así toda su familia ha desaparecido. Los Nopahs mueren en el! camino de aquí. ¿Creéis que estuvieran enfermos cuando se pusieron en marcha? Eso es lo que más me intriga y desconcierta: el modo coma la dolencia ataca v liquida a los indios. Un hombre blanco podría luchar con- ira la enfermedad; pero el indio no quiere hacerlo. ¡No quiere oponerse a esta plaga! Le ha llegado su hora, como suelen decir los vaqueros.