Odio de razas

Odio de razas

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Nophaie se hallaba en pie y comenzaba, a ir de un lado para otro al cuarta día después de la crisis de su enfermedad. Evitó el contacto con los indios, y, ciertamente, también con sus amigos blancos hasta donde le fue posible hacerlo sin riesgo de incurrir en descortesía. Y sus amigos, a su vez, parecieron comprenderle y ayudarle. No obstante, siempre que se sentaba al cálido sol de las mañanas de mayo o que paseaba bajo los verdeantes algodoneros, los ojos de Marian le seguían. Nophaie los sentía fijos:sobre sí. Y cuando -hacía frente a sus miradas, observaba que en ella brillaba una luz alegre y hermosa. Esta luz le emocionaba, le inflamaba el corazón.

Unos cuantos días más tarde, el vigor de Nophaie había adquirido la intensidad suficiente para permitirle que abandonase Kaidab. Por esta causa, cuando encontró un momento oportuno en que se halló a solas con los Withers y Marian, decidió exponer su proyecto.

- John, ¿querría usted entregarme un saquito de grano y un poco de: comida?

- ¿Para qué?- preguntó sorprendido el comerciante.

- Quiero alejarme a solas…, cabalgar por el desierto… y los desfiladeros - contestó pensativamente Nophaie.


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