Odio de razas
Odio de razas Marian abandonó el asiento cine ocupaba junto al fuego y se aproximó a él, pálida, con los ojos asombrados y llenos de sombras de preocupación.
- Nophaie, ¿estás,… estás suficientemente fuerte?-preguntó con temor.
- Eso servirá para curarme…, o para matarme - replicó Nophaie con una sonrisa; y tomó entre las suyas una mano de ella.
- Reconozco que no es una mala idea -dijo Withers, más a su esposa que a las otras dos personas. La señora Withers permaneció silenciosa, lo que en ella significaba conformidad. Luego, Withers se volvió en dirección a Nophaie -. Tendrás lo que deseas. ¿Cuándo quieres marcharte? ¿Mañana? Te facilitaré tu caballo, o; te dejaré uno de los míos, si lo prefieres.
- Sí. Me iré al amanecer, antes de que se levante Benow di cleash - añadió Nophaie.
- ¿Quieres marcharte solo y continuar estando solo? - preguntó el comerciante.
- Como un verdadero Injun - replicó Nophaie.
- Muy bien. No tengo inconveniente en revelarte que estoy un poco preocupado - siguió Withers mantras se pasaba una mano por el alborotado cabello- Beeteia ha comenzado a soliviantar a los indios.
- Lo sabía - dijo Nophaie.