Odio de razas
Odio de razas Y llegó la lenta puesta del sol, espectáculo extraño visto desde las profundidades del desfiladero. Nophaie observó el maravilloso cambio de colores, desde las tonalidades del arco iris de los cielos hasta la rosada y dorada coloración que tocó las nevadas alturas de Nothsis Ahn. El crepúsculo fue lento, más lento que en cualquier otro lugar que Nophaie pudo recordar. Fue una hora llena de belleza y bañada de un significado de algo eterno para él.
Cavó la oscuridad. El bajo murmullo del arroyo pareció aumentar la impresión de la soledad. Los búhos se lamentaban intermitentemente con su melancólico ulular. Naza se erguía, sombrío y triunfante, siluetado ante el cielo, coronado de estrellas de plata. Nophaie vio como la Osa Mayor cambiaba de posición. El puente cobraba durante la noche un aspecto misterioso y espectral. La noche aumentaba su magnificencia.
Nophaie no durmió; ni siquiera cerró los ojos. Cada momento que transcurría le aproximaba más a lo que esperaba que fuese una iluminación de su inteligencia.
Al acercarse el alba, una luz débil y verde se reflejó en la faceta del monte que miraba al sur. La luna se elevaba. Después de unos instantes, c1 resplandor se hizo más intenso. Muy pronto, la sombra del puente se marcó sobre el lado opuesto, y bajo el arco brilló una pálida luz de luna, fantástica y bella.