Odio de razas
Odio de razas - ¡Ah!… Y si volviera aquà en busca de trabajo… ¿a quién deberé ver en primer lugar?
- Venga a verme. Luego iremos juntos en busca de Morgan. Si encontrara usted una ocupación antes de hablar con él, la perderÃa muy pronto.
- ¡Oh! Bien; la pensaré-contestó Marian en tanto que subÃa al coche.
Friel la agarró de un brazo, no para ayudarla, sino para impedir que entrase en el vehÃculo.
- PermÃtame que la lleve a Kaidab. Tengo aquà mi automóvil. No hay espacio para usted en este montón de chatarra sucia. Además, una muchacha guapa como usted no debe viajar sola con uno de esos indios.
- ¿Por qué no? Es el encargado del correo. Y le he pagado por transportarme.
- Todos esos patanes indios son iguales. No estará usted segura con ninguno de ellos.
- Si eso fuera cierto, señor Friel, no hablarÃa muy recomendablemente de su trabajo como misionero. Quiero aceptar el riesgo a que pueda exponerme viajando con este indio.
¡Buenos dÃas!