Odio de razas

Odio de razas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Las grises nubes oscurecieron pronto el sol, y Marian percibió nuevamente el frío del viento. Se arrebujó una vez más en el abrigo. El conductor había dado vuelta al coche en dirección al norte de Mesa, y seguía una depresión del terreno desde donde Marian no podía ver hasta muy lejos. Había una extensión arenosa, luego una subida muy pronunciada que conducía a una meseta llana parcamente poblada de plantas verdes_ y que parecía monótonamente gris en la lejanía. Al llegar a aquel punto, el indio puso el automóvil a toda la velocidad que era capaz de desarrollar, a una velocidad excesiva y demasiado ruidosa para el gusta de Marian. Sin embargo, deseosa de ver y observar, miró ansiosamente a uno y otro lado. En ele Este se elevaban unas líneas quebradas de tierra azul o de roca, que, evidentemente, indicaban la proximidad de un desfiladero. En el Oeste, lo único digno de observarse era un enorme risco blanco, solo, aislado, de plana superficie y costados desnudos e inclinados. La oscuridad reinante ante el vehículo se convirtió pronto en nieve, en otra dura tormenta que puso nuevamente a prueba la capacidad de Marian para soportar el frío. La joven hundió el rostro en el pañuelo y el cuello del abrigo, se encogió y sufrió. Entre tanto, pasaban las millas y el tiempo. Cuando la tormenta se hubo aclarado y el sol brilló de nuevo, Marian se hallaba en una ancha cuenca roja cerrada por riscos de corta altura que brillaban por efecto de la humedad.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker