Odio de razas
Odio de razas Luego transcurrió una hora durante la cual el automóvil jadeó sobre una carretera arenosa, en su mayor extensión cuesta arriba, que apenas permitía ver nada no siendo al costado oriental. Allí, la gran montaña negra y lisa adquiría nobles proporciones. Arrias de caballitos moteaban la elevación gris verdosa del terreno. Un jinete indio se presentó al borde de una pendiente, trotando a solas y poniendo una pincelada de vida y primitivismo en la escena. Inmediatamente, el conductor del automóvil dirigió la atención de Marian hacia un montón de tierra con un agujero que daba entrada a su interior.
- Un hogan. Una casa india-dijo.
¡Cuán tosca y primitiva! Verdaderamente, las necesidades y las comodidades de los indios debían de ser muy pocas.