Odio de razas
Odio de razas El automóvil corrió excesivamente, por lo que el paso se hizo excesivamente corto. Desembocaba en un desierto gris, con la negra meseta a su derecha, meseta que zigzagueaba en dirección al Este; el rojo y arrugado muro de piedra de la izquierda se alejaba melladamente en dirección al Norte. Diez millas más, de recorrido dejaron los terraplenes de ambos lados. a larga distancia. Y una nueva cumbre ofreció a Marian la primera visión de Kaidab. Sus cartas, sus regalos a Lo Blandy habían sido enviados a aquel puesto comercial. Todo lo que vio fueron diversas casas de piedra planas. ¡Unas habitaciones toscas, y tristes! Sin embargo, ninguno de los espléndidos espectáculos que se le habían ofrecido durante el largo viaje habían producido a Marian la emoción que en aquel instante se apoderó de ella.