Odio de razas
Odio de razas Un hombre fornido y de ojos escrutadores salió del puesto con una mano apoyada en el hombro del portador del correo. Llevaba puesto un chaleco sobre la camisa de franela, pero no usaba sombrero ni chaqueta. Tenía unas botas polvorientas y toscas.
- Trae su equipaje -dijo refiriéndose al de Marian. Luego, cuando se hubo acercado más a ella, Marian se encontró escudriñada por una mirada sostenida que era amable y cortante.
- Me alegro de verla, señorita Warner -dijo el Hombre-. La esperaba desde hace dos horas. Soy John Withers.
Marian le ofreció la mano.
- ¿Me esperaba?-preguntó con curiosidad.
- Las noticias vuelan en esta región -replicó el Hombre mientras sonreía-. Un indio, que llegó hace dos horas, me comunicó que se hallaba usted en camino.
- Pera ¿cómo sabe mi nombre?
- La señora Withers me lo dijo; y me dijo también cómo es usted. Se alegrará mucho de verla. Venga; vamos al interior.