Odio de razas
Odio de razas - Lo supongo - replicó Marian -. Si permaneciera aquí durante mucho tiempo dejaría de ser Benow di cleash… ¿Lo he pronunciado correctamente?
La señora Withers rió.
- La he comprendido. Pero debe pronunciarlo de este modo: Benow di cleash. En su voz hubo una nueva entonación, baja, desconocida de Marian.
- Señora Withers: usted sabe dónde he adquirido ese nombre -afirmó Marian.
- Sí. Me satisface poder decirla que lo sé -replicó con vehemencia la señora Withers. Marian respondió instintivamente a la situación. La joven presentó las manos para acoger en ellas las de la señora Withers y bajó la vista para mirar aquel rostro duro en el que había las sombras de la pena y de la preocupación.
- Sentémonos -continuó la señora Withers al mismo tiempo que la precedía hacia el sofá- Tendremos que referirnos nuestros secretos en momentos accidentales. Siempre hay alguien cerca de nosotros. Ante todo, quiero decirle dos cosas… que sé que nos harán amigas.
- Así lo espero…, así lo creo -contestó Marian en tanto que hacía un esfuerzo por contener la impaciencia.