Odio de razas
Odio de razas Marian miró desde detrás del comerciante y vio a un indio pequeñito, de aspecto casi negro, de rostro redondo y nariz grande y con la mirada más descarada, más dura que jamás habÃa visto en un rostro humano. Llevaba puesto un sombrero de alta copa cónica v anchas y rÃgidas alas que era tan negro como su cabello y estaba ornamentado de brillantes abalorios. Su vestido se componÃa de una camisa sucia, de pana o terciopelo, y unos pantalones de cutà azul. En el cinturón con adornos de plata portaba una gran pistola. Un brillante y ancho brazalete de plata circundaba una de sus muñecas tendinosas, del cual: colgaba un látigo de cuero. Como quiera que se le mirase, el indio no era agradable ni tranquiliza dar de ver, sobre todo para una muchacha que no estaba habituada al desierto. Y, sin embargo, fascinó a Marian.
- Bien, ¿qué opina usted de él? - preguntó sonriendo Withers.
- No puedo decir que me atraiga - replicó Marian -. Prefiero verlo desde lejos. Pero parece… como…
- Un indio legÃtimo. Es cierto. Lo es. Pero si hemos de decir la verdad, este Pahute no ha realizado ninguna maldad desde que Nophaie regresó. Los indios me dicen que Nophaie le ha dado buena medicina.
- ¿Qué medicina es ésa? -preguntó Marian.