RÃo perdido
RÃo perdido —Hettie dijo que has visto a tu madre…, que ahora se encuentra mejor. Estoy tan contenta, Ben, que de buena gana me echarÃa a llorar… ¿Tú echaste abajo todos esos viles chismes, verdad?
—SÃ.
—¿Juraste que es falso? ¿La obligaste a que te creyera? ¿Hiciste el voto de que con tu conducta harÃas callar a fa gente? Tú has sido siempre honrado y no puedes menos de seguir siéndola. Sé que tú trabajarás, ahorrarás dinero, demostrarás a tu padre que se ha portado mal contigo, que al fin puede estar orgulloso de ti.
—SÃ, Ina, temo que he prometido hacer todo eso que dices —repuso Ben con voz ronca—. Y aunque tengo la intención de hacerlo, temo que sea demasiado para mÃ. La fe de Hettie, el amor de mi madre, debilitaron mi voluntad. Hubiese jurado todo lo que me pudiesen haber pedido.
—Ben, no es eso, sino que en aquel momento hablaba tu innata bondad. Es preciso que lo cumplas. Ni Hettie ni tu madre crea en ti más de lo que yo creo.
—¡Ina! No digas… eso —balbuceó Ben—. ¿Qué sabes tú de mà después de tantos años?
—¿Ha cambiado tu corazón? —preguntó la joven suavemente.